Al
pie del volcán Lanín, donde el desierto patagónico se choca con las montañas, a pocos
kilómetros de Junín de los Andes, un grupo de estudiantes de una escuela rural realizó
un trabajo de investigación científica que, tras ganar reconocimiento nacional, los
llevó a Croacia. Allí representaron al país entre más de 300 alumnos y docentes de 34
países.
Y de allí acaban de llegar Aníbal Aranda, Graciela Batista, Adriana Huenuquir e Isabel
Paredes, de entre 17 y 22 años, todos alumnos del Centro de Educación Integral San
Ignacio (CEI), una escuela secundaria agrotécnica de Neuquén a la que asisten unos 200
chicos de comunidades mapuches y criollas, en poblados distribuidos entre 30 y 500
kilómetros a la redonda. La escuela, creada hace 20 años por la Fundación Cruzada
Patagónica, funciona como albergue y otorga en forma gratuita traslado y comida a los
alumnos.
Además, se ha convertido en un polo de desarrollo para las comunidades rurales cercanas:
se instalaron invernaderos y sistemas de riego, se da asesoramiento en la
comercialización de hortalizas y miel, se realizan planes de alfabetización de adultos y
campañas de preservación del medio ambiente.
Como otras 58 escuelas públicas y privadas del país, el CEI San Ignacio es parte del
Programa Globe, una iniciativa del gobierno norteamericano, creada en 1994, para promover
la investigación científica en temas de medio ambiente, de la que participan 12.000
escuelas de 102 países.
En el
país, apoyan la iniciativa la embajada de EE. UU. y el Consejo Empresario Argentino para
el Desarrollo Sostenible. La intención es que los chicos se familiaricen con herramientas
tecnológicas, como imágenes satelitales, programas de computación y material de
laboratorio, y vuelquen sus trabajos en Internet. Cada cinco años hay un encuentro
mundial de estudiantes y profesores.
En el río cercano.
Con la
ayuda de la empresa Capsa-Capex, hace dos años la escuela adquirió el material para
montar un laboratorio de hidrología desde el que se hizo el trabajo que resultó ganador.
Ahora está en plena instalación el laboratorio para análisis de suelos.
"Cambios
de caudal asociados al deterioro de la calidad del agua" es el nombre de la
investigación, que traduce Aníbal Aranda a LA NACION: "Comparamos el agua del río
Chimehuin, que pasa por el terreno de la escuela, con el agua de los canales de riego que
se usa en los cultivos. Medimos parámetros como alcalinidad, temperatura y
nitritos".
Según
dijo Ana Prieto, profesora de Ciencias Naturales y también parte del contingente que
viajó, el trabajo integró su área, matemáticas e inglés -hubo que presentar un
informe en ese idioma-. Pero además, se trata de información útil para las prácticas
agroecológicas en las comunidades de las que provienen los chicos.
Tras ganar el concurso nacional con el proyecto, los argentinos y sus dos docentes
-también viajó Paula Garay, profesora de Matemáticas- pasaron nueve días en la ciudad
croata de Sibenik, rodeados de un paisaje que describieron como "montañoso, boscoso,
muy cultivado y con un mar sin olas".
Fueron
días de actividad intensa: visitas a un parque nacional y a una isla cercana -a la que
los llevaron en la bodega de un buque de guerra, recuerdan-, pero además debieron
presentar la cultura de su país.
Cebaron
mate, mostraron el traje del gaucho, tocaron el siku, bailaron y mostraron fotografías
del paisaje patagónico que asombraron a los chicos de otros países. "Nos conocen
por el fútbol. Yo tenía puesta la camiseta de la selección y todos me nombraban
jugadores ", dijo Aníbal.
"Conocer culturas distintas" fue lo mejor del viaje, coincidieron, pero en la
diversidad encontraron algo en común: "Las ganas de conocernos unos a otros.
Hablamos mucho de cómo eran las escuelas de las que veníamos", contó Isabel
Paredes.
El trabajo les dio un reconocimiento inesperado y, de paso por Buenos Aires, tuvieron un
verdadero tour por despachos oficiales: se reunieron con el presidente Néstor
Kirchner; con el ministro de Educación, Daniel Filmus; con el ahora ex embajador
norteamericano James Walsh y con el secretario de Medio Ambiente y Desarrollo Sustentable,
Jorge Amaya.
Sonríen y se prestan con ganas a las
fotografías, pero se les nota que el viaje, las emociones y el protocolo los han dejado
cansados. "Ya queremos volver a casa", confirman.
Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA NACION
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